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Una sinagoga flota sobre Venecia: la obra imposible que convierte el desarraigo en luz
20July

Una sinagoga flota sobre Venecia: la obra imposible que convierte el desarraigo en luz

Una sinagoga de madera, con las ventanas encendidas, se eleva sobre una roca gigantesca junto al Arsenale de Venecia. El agua duplica la escena y durante unos segundos cuesta entender qué está sujeto a tierra y qué no. La obra se llama Nabatele y es la instalación al aire libre con la que la artista y arquitecta ucraniana Anna Kamyshan participa en los eventos colaterales de la 61ª Bienal de Venecia.

El proyecto puede verse desde el 16 de julio hasta el 16 de septiembre de 2026 en Arsenale Nord, en el distrito de Castello. La entrada es gratuita y la instalación permanece visible día y noche, siempre que las condiciones meteorológicas permitan mantenerla en funcionamiento. Está comisariada por Maria Veits y Yevgeniy Fiks y organizada por el Montreal Jewish Museum.

Una obra de 25 metros que depende del tiempo

El efecto no procede de una pantalla ni de una proyección. Nabatele es un aerostato de doble membrana lleno de helio, construido para elevarse hasta 25 metros. La parte superior reproduce con precisión una sinagoga de madera; debajo aparece una masa rocosa con raíces y fragmentos de piedra. La tecnología aerostática sostiene una imagen que conserva la presencia de un edificio real, aunque sea incapaz de apoyarse sobre el terreno.

La atmósfera interviene directamente en la obra. En días tranquilos, la estructura asciende y flota sobre el agua; cuando aumenta el viento, baja hasta acercarse a la laguna o descansar sobre su superficie. No existe una vista definitiva de Nabatele. Su altura, su reflejo y su relación con los antiguos edificios industriales del Arsenale cambian a lo largo del día.

La referencia más clara es El castillo de los Pirineos, pintado por René Magritte en 1959: una fortaleza asentada sobre una roca que levita encima del mar. Kamyshan mantiene aquella contradicción visual, pero cambia el castillo por un lugar de culto. Quien conozca los juegos entre objeto, representación y significado de René Magritte reconocerá el parentesco de inmediato.

Nabatele forma parte de la programación paralela de una Bienal en la que España estará representada por Los restos, de Oriol Vilanova. Frente a la acumulación de postales del proyecto español, Kamyshan trabaja con una sola imagen de lectura inmediata: un edificio que lleva consigo una porción de tierra, pero no encuentra dónde posarla.

Una sinagoga visible donde antes debían ocultarse

La elección de Venecia no es una casualidad moderna. Las sinagogas históricas del gueto veneciano se instalaron en plantas superiores y apenas se distinguían desde la calle. Nabatele repite esa posición elevada, pero invierte su sentido: el templo aparece expuesto, iluminado y visible desde lejos.

La forma del edificio remite también a las sinagogas de madera perdidas de los shtetls de Europa oriental. La pieza no reconstruye ninguna en concreto. Reúne elementos reconocibles para hablar de una arquitectura comunitaria conservada en la memoria y no en un territorio estable.

De ahí la importancia de Yiddishland, concepto central para los comisarios. No designa un país ni una frontera, sino una continuidad cultural sostenida por la lengua, la memoria y la transmisión. El propio título combina nabat, una voz asociada a una alarma o llamada de atención, con el diminutivo yidis -ele, que rebaja el grito hasta convertirlo en una señal persistente.

Las ventanas permanecen encendidas como alusión al Ner Tamid, la luz perpetua de las sinagogas. Ese detalle evita que el edificio parezca abandonado: hay una presencia dentro, aunque nunca veamos a nadie. También conecta la obra con la biografía de Kamyshan, nacida en Ucrania y de ascendencia judía y rusa, cuya práctica artística ha abordado la memoria, la identidad y el futuro de Ucrania.

Concebida como una instalación itinerante, Nabatele continuará su recorrido por otros espacios públicos e instituciones culturales después de Venecia. Su primera impresión es espectacular; su lectura, menos sencilla. La roca parece sólida, pero vuela. El templo parece habitable, pero no tiene acceso. En una ciudad construida sobre el agua, Anna Kamyshan ha colocado un edificio que no necesita tocar el suelo para hacerse visible.

Información práctica: Nabatele puede contemplarse gratuitamente del 16 de julio al 16 de septiembre de 2026 en Arsenale Nord, distrito de Castello, dentro de los eventos colaterales oficiales de la Bienal de Venecia. Su funcionamiento está condicionado por el tiempo.

Crédito de la imagen: Tommaso Boccadifuoco con Labirinto Design Studio. Montreal Jewish Museum.

Sinagoga flotante de Venecia: Nabatele | Bienal 2026