El mercado mundial del arte ha vuelto a crecer después de dos años de retroceso, pero la recuperación no se percibe de la misma manera desde una gran casa de subastas que desde la trastienda de una galería. En 2025, las ventas globales alcanzaron un valor estimado de 59.600 millones de dólares, un 4 % más que el año anterior. La cifra cambia la dirección del mercado, aunque todavía no devuelve al sector a los niveles alcanzados en 2022.
El dato procede de la décima edición de The Art Basel and UBS Global Art Market Report, elaborado por la economista cultural Clare McAndrew, fundadora de Arts Economics. El informe analiza las ventas realizadas durante 2025 por galerías, marchantes y casas de subastas, además de la evolución de las ferias, los canales digitales y los principales mercados nacionales.
El titular de la recuperación resulta positivo, pero esconde una diferencia decisiva. Mientras el conjunto de las ventas públicas y privadas de las casas de subastas aumentó un 6 %, hasta los 24.800 millones de dólares, el sector de galerías y marchantes creció un 2 %, hasta los 34.800 millones. Al mismo tiempo, los costes operativos de los galeristas aumentaron alrededor de un 5 % de media, por encima de sus ventas agregadas.
Vender más, por tanto, no significó necesariamente ganar más. El mantenimiento de un espacio, el equipo profesional, la producción de exposiciones, el transporte de las obras, los seguros, los viajes y la participación en ferias forman parte de una estructura que debe sostenerse incluso cuando las operaciones tardan en cerrarse. La recuperación existe, pero su impacto sobre la rentabilidad continúa siendo desigual.
Una recuperación impulsada por arriba y repartida de forma desigual
El informe refleja un sector alejado tanto del colapso como de una recuperación generalizada. El 42 % de los galeristas consultados declaró que sus ventas habían aumentado en 2025, mientras un 33 % señaló una caída y el 25 % restante se mantuvo estable. La rentabilidad ofrece una imagen todavía más contenida: mejoró para el 33 % de los negocios, permaneció sin grandes cambios para el 29 % y descendió para el 38 %.
Estas diferencias se explican, en parte, por el tipo de obra y el tramo de mercado en el que trabaja cada galería. Los negocios con una facturación inferior a 500.000 dólares registraron aumentos medios de dos dígitos, mientras las galerías situadas entre uno y diez millones de dólares redujeron sus ventas alrededor de un 1 %. En el extremo superior, las que facturan más de diez millones regresaron al crecimiento, con un avance del 3 %.
La lectura del conjunto apunta a una presión especialmente intensa sobre el segmento medio. Las galerías más pequeñas pueden adaptarse con estructuras ligeras, programas concentrados y relaciones muy directas con sus compradores. Las grandes cuentan con artistas consolidados, redes internacionales y capacidad para asumir inversiones importantes. Entre ambos extremos se encuentran negocios con costes elevados, presencia internacional obligada y una capacidad financiera más limitada para absorber varios ejercicios difíciles.
"La rentabilidad sigue siendo el desafío decisivo para los galeristas". Clare McAndrew, fundadora de Arts Economics y autora del informe.
La procedencia del crecimiento también resulta significativa. Las subastas públicas aumentaron un 9 %, impulsadas por varias operaciones de precio excepcional en la segunda mitad de 2025. La actividad regresó a los niveles más altos del mercado y se concentró en nombres reconocidos, especialmente en obras de principios y mediados del siglo XX.
La misma búsqueda de seguridad apareció entre los galeristas. Las ventas de los marchantes especializados en maestros antiguos crecieron un 9 % y las de quienes trabajan con arte moderno lo hicieron un 11 %, mientras el arte contemporáneo permaneció prácticamente estancado. En un entorno todavía marcado por la incertidumbre económica, los compradores de mayor capacidad volvieron a favorecer artistas y periodos con mercados históricos más consolidados.
Esta tendencia no implica la desaparición del interés por las nuevas generaciones, pero sí condiciona la forma en que se financian y desarrollan sus trayectorias. Para las galerías jóvenes, acceder al circuito internacional continúa exigiendo visibilidad, inversión y tiempo. Programas como My First Art Fair, que facilita la entrada de nuevas galerías en Swab, actúan precisamente sobre una de las primeras barreras: el coste de presentarse por primera vez ante un público profesional y coleccionista.
Las ferias recuperan peso mientras la venta digital retrocede
Una de las transformaciones más claras de 2025 fue el regreso de la venta presencial. Las operaciones realizadas en ferias representaron el 35 % de la facturación total de los galeristas, su proporción más alta desde 2022. El aumento procedió tanto de las citas internacionales como de los encuentros locales y fue especialmente visible entre las galerías medianas.
El dato confirma que las ferias siguen siendo algo más que un escaparate. En pocos días permiten reunir a coleccionistas, asesores, comisarios, directores de museos, artistas, periodistas y otros galeristas que difícilmente coincidirían con la misma intensidad en un espacio permanente. También ofrecen la posibilidad de comprobar precios, tendencias y programas dentro de un contexto compartido.
Sin embargo, el mayor peso comercial de las ferias no elimina su riesgo económico. El propio informe sitúa los costes de participación entre las principales preocupaciones del sector. La galería debe valorar el stand, el transporte, los seguros, los viajes, el alojamiento, el personal y la producción, sin poder garantizar que las ventas compensarán la inversión realizada.
Esta tensión explica por qué el calendario se ha vuelto más selectivo. Participar en muchas ferias puede aumentar la visibilidad, pero también consumir recursos que dejan de destinarse al programa estable, la investigación, la producción de obra o el acompañamiento de los artistas. La decisión ya no consiste únicamente en elegir dónde se puede vender, sino dónde tiene sentido construir relaciones a largo plazo.
Ferias como Pinta Lima, concebida como un punto de conexión para el arte contemporáneo latinoamericano, muestran la importancia de crear circuitos regionales capaces de reunir galerías, coleccionistas e instituciones sin depender exclusivamente de los grandes centros tradicionales. En paralelo, la llegada de PARAÍSO a Londres durante la semana de Frieze responde a otra estrategia: insertar las propuestas latinoamericanas e ibéricas en uno de los momentos de mayor concentración internacional del mercado.
Frente al retorno de la presencialidad, la venta digital perdió parte del terreno ganado durante la pandemia. Las operaciones realizadas por los galeristas mediante canales exclusivamente online representaron el 16 % de su facturación en 2025. Las ventas a través de sus propias webs y plataformas digitales supusieron un 14 %, por debajo del máximo del 20 % registrado en 2023.
El descenso no significa que internet haya dejado de ser relevante. El 40 % del valor vendido online por los galeristas correspondió a compradores nuevos. La red continúa siendo una herramienta eficaz para descubrir artistas, iniciar conversaciones, compartir documentación y realizar operaciones en los tramos de precio más accesibles. Lo que ha retrocedido es la idea de que la pantalla podía sustituir por completo al encuentro físico.
Las obras de mayor valor siguen requiriendo, con frecuencia, una relación de confianza, información detallada sobre procedencia y estado de conservación, conversaciones sobre el artista y la posibilidad de contemplar la pieza directamente. La tecnología facilita el contacto, pero el mercado vuelve a cerrar sus operaciones más importantes en persona.
Menos compradores obligan a cuidar mejor cada relación
El dato más delicado para las galerías no se encuentra en el volumen global de ventas, sino en la evolución de su base de compradores. En 2025, cada galerista vendió a una media de 57 compradores únicos, la cifra más baja desde 2021. La reducción fue especialmente acusada en los negocios con una facturación inferior a 250.000 dólares, que pasaron a vender a una media de 29 compradores, un 40 % menos que el año anterior.
Las galerías con más de diez millones de dólares de facturación siguieron una dirección diferente: alcanzaron una media de 125 compradores, un 40 % más que en 2024, aunque todavía por debajo del máximo de 163 registrado en 2023. La distancia entre ambos grupos muestra que la recuperación de la demanda no está llegando con la misma intensidad a todas las estructuras.
Trabajar con una base de clientes reducida no es necesariamente una anomalía en el mercado del arte. Muchas galerías construyen su actividad alrededor de un número limitado de coleccionistas con los que mantienen relaciones prolongadas. El problema aparece cuando esa concentración aumenta al mismo tiempo que los costes y obliga a depender de pocas operaciones para sostener todo el programa.
Captar un nuevo comprador tampoco equivale simplemente a encontrar a alguien con capacidad económica. La galería debe explicar el trabajo del artista, facilitar documentación, resolver dudas, generar confianza y acompañar una decisión que puede desarrollarse durante meses. Esa tarea comercial se mezcla con una responsabilidad cultural: introducir al coleccionista en una práctica artística y procurar que la adquisición no responda únicamente a una oportunidad inmediata.
En España, el informe estima que el valor agregado del mercado aumentó un 6 % durante 2025, por encima del crecimiento del 3 % calculado para el conjunto de la Unión Europea. El dato resulta favorable, pero no permite concluir que todas las galerías españolas hayan mejorado en la misma proporción. Las cifras nacionales combinan diferentes segmentos, canales y niveles de precio, mientras cada negocio afronta una realidad determinada por sus artistas, su localización, sus costes y su acceso a compradores.

Lo mismo debe tenerse en cuenta al analizar los circuitos iberoamericanos. La expansión de una feria o la incorporación de nuevas galerías al calendario internacional puede aumentar la visibilidad de una escena, pero no garantiza por sí sola una estructura comercial estable. La presencia profesional necesita continuidad, coleccionismo local, apoyo institucional, circulación regional y programas capaces de sostenerse más allá de los días de feria.
El mercado del arte cerró 2025 con mejores cifras que el año anterior y con señales de resistencia dentro del sector galerístico. Incluso en un periodo de cierres visibles, la revisión recogida por el informe identificó más aperturas y nuevas sedes que clausuras entre los negocios cuya actividad fue publicada. Esa capacidad de adaptación evita una lectura catastrofista.
Pero tampoco conviene confundir resistencia con comodidad. Las galerías venden en un mercado que vuelve a crecer mientras sus gastos avanzan más deprisa, sus compradores se concentran y la presencia en ferias resulta cada vez más necesaria. La recuperación, por ahora, no consiste en regresar al modelo anterior, sino en aprender a operar con mayor precisión dentro de un mercado más selectivo.
Vender una obra continúa siendo el resultado visible, pero detrás de cada operación existe una estructura dedicada a producir exposiciones, acompañar artistas, conservar archivos, investigar, comunicar y construir coleccionismo. El desafío de 2026 no será únicamente aumentar las ventas. Será conseguir que ese crecimiento permita sostener todo lo que hace posible que el arte llegue finalmente al mercado.




